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martes, 29 de abril de 2014

Mujeres de tablas



Llanos de la Rosa Cifuentes|Reportaje|Artes escénicas


  • Para las actrices supone una traba más a la profesión su condición de mujeres
  • Algunas autoras, como María Lejárraga se vieron obligadas a publicar bajo seudónimos
  • La efemeridad del éxito se incrementa en el caso de las dramaturgas
  • Las propias actrices y autoras teatrales ven con pesimismo su situación laboral

La casa y las tareas domésticas han sido el lugar tradicional reservado para la mujer. Esa es una verdad que hemos leído y escuchado cientos de veces. El teatro, no iba a ser una salida a esta premisa. De hecho, aquellas mujeres que se incorporaron al mundo de la interpretación, de una u otra forma, acabaron siendo criticadas, menospreciadas o simplemente ignoradas, quizá esta última sea la peor de las discriminaciones. El teatro es una de las parcelas del arte más antiguas. Para hablar de la historia de la interpretación habría que remontarse a los inicios de la humanidad. Aunque definido por los griegos, esta forma de expresión no se identifica con ningún periodo o cultura particular es una forma de lenguaje por medio del cual, originalmente, el mundo fenoménico es imitado y celebrado. 


Dramaturgas en el camino a la democracia de la igualdad

Ana Diosdado rompió moldes en sus obras del último franquismo




La muerte de Franco debía suponer una ruptura con todo lo anteriormente establecido. La democracia tenía que traer la igualdad. El mundo del teatro no fue ajeno a estos cambios. Y las mujeres menos. En los últimos años de la dictadura, ya destacaron algunas dramaturgas, como es el caso de Ana Diosdado que estrena, en 1970, Olvida los tambores y en 1973, Usted también podrá disfrutar de ella, que supone una interesante construcción espacio-temporal, y la presentación de dos personajes (Fany y Javier) densos, elaborados, dotados de profunda humanidad. Tras la muerte del dictador, estrena Y de Cachemira chales (1976), que constituye una parábola de la España de la Transición. Según Patricia W. O´Connor (estudiosa norteamericana especializada en la dramaturgia española), en su obra Dramaturgas españolas de hoy, “Diosdado rompió moldes y sirvió de modelo para otras mujeres que querían escribir teatro”. Sin embargo, también critica que, a pesar de su transgresora versión de Casa de muñecas (1987), durante la democracia, Diosdado “no progresa en cuanto a la presentación de la mujer”. 


Al iniciarse la década de los ochenta surge un numeroso grupo de dramaturgas. Algunas, como Ana Diosdado, ya habían comenzado su andadura anteriormente. A finales de la década, siguen dándose casos de mujeres con notable talento para la dramaturgia, pero la igualdad todavía no es real, aunque la Transición haya casi concluido. Uno de los casos más destacados es el de Carmen Resino quien había publicado su primer drama en 1969, El presidente. Sin embargo, Resino se da a conocer, especialmente, por ser la primera presidenta de la Asociación de Dramaturgas Españolas, inaugurada en 1987, y por su posición activa ante el aislamiento de que es objeto la dramaturgia femenina La autora definió así los objetivos de la agrupación: “Reivindicar, sin ningún tipo de tinturas ideológicas ni pancartas feministas, la actividad dramatúrgica femenina y, a través del teatro, contribuir a mejorar la situación de la mujer dentro del contexto social, cuyo sistema se obstina todavía en cerrarle determinados ámbitos de actuación”.

El silencio de una dramaturga


María Lejárraga vivió a la sombra de su marido hasta su separación


Republicana, socialista, feminista, pero, sobre todo, escritora. Son los rasgos que mejor definen a María Lejárraga (España 1877-Argentina 1974), quien colaboró activamente en el movimiento feminista y fue elegida diputada en las Cortes por el Partido Socialista Español. Sin embargo, su otra faceta, la de escritora, se vuelve uno de los casos más sangrantes de olvido de nuestro país. María Lejárraga también era conocida como María Martínez Sierra, apellidos que tomaba de su marido Gregorio, autor teatral que contó con notable fama. 


No eran pocos los que sospechaban que María colaboraba o influía en los escritos de Gregorio, aunque este nunca la citara en sus textos. Pero hoy, es una certeza que ella era la auténtica autora de la mayor parte de las piezas de su marido. Incluso tras su separación, siguió escribiendo ensayos y comedias que él  representaba con su nombre. María sólo firmó los volúmenes en prosa “cuentos breves” (1899), “La mujer ante la República” (1931), “Una mujer por caminos de España” (1952), “Gregorio y yo (medio siglo de colaboración)” (1953), “Viaje de una gota de agua” (1954)) y la colección de obras teatrales “Fiesta en el Olimpo” (1960).

Por si fuera poco, fue y se olvida nombrarla como autora de los libretos de “El amor brujo” y “El sombrero de tres picos” de Falla o “Margot” de Turina.

María Lejárraga, confesó que no firmó las obras debido a un juramento que hizo en su juventud: “Cuando publicamos ambos nuestros primeros libros, el de Gregorio fue recibido con champán y una fiesta. Cuando yo presenté el mío, nadie creyó que fuese importante y no le prestaron atención. Pillé un berrinche y juré que nunca más verían mi nombre en un libro. Hasta la muerte de Gregorio”. 

María terminó exiliándose tras la Guerra Civil y finalizó su vida en Buenos Aires, con casi un siglo de vida a sus espaldas y habiendo visto, de nuevo, su nombre en sus publicaciones, tras años de anonimato.

Para saber más: Documental dedicado a María Lejárraga

viernes, 28 de marzo de 2014

Un best seller con sabor a México


Llanos de la Rosa Cifuentes|Despiece|México

Portada del libro de Esquivel

Para preparar el famoso chocolate a la taza, se necesita que el agua esté en su punto de ebullición. Es decir, que sea Como agua para chocolate.  Y así está Tita, la protagonista de la novela de Laura Esquivel, a punto de hervir durante todas las páginas de la obra. No es para menos. Tita vive condenada a ser infeliz, a no poder casarse con el hombre al que ama de toda la vida, Pedro Muzquiz, que le hace sentir “como un buñuelo en aceite hirviendo”. Todo por una tradición familiar que obliga a Tita, como hermana pequeña, a permanecer soltera para cuidar de su madre, Elena. Por si fuera poco el drama, a la matriarca no se le ocurre nada mejor que casar a su hija mayor, Rosaura, con el amor imposible de la benjamina. Así, Tita se ve obligada a ser la cuñada de la persona a la que ama. 

¿Cómo puede, entonces, Tita focalizar todo ese amor que guarda dentro y no puede ser externalizado? Cocinando, por ejemplo perdices con los pétalos de las flores del amante. De esta forma, se nos presenta una novela completamente distinta, que, todavía hoy a los 25 años de su publicación, sorprende a aquellos que quedan atrapados entre sus líneas. Los capítulos se enlazan unos a otros a través de platos y recetas. El realismo mágico se hace patente con las fantasiosas consecuencias, pero cargadas de metáforas,  que tienen los comensales de Tita.

Con un cuarto de siglo cumplido, Como agua para chocolate se corona como uno de los libros más vendidos de la literatura hispana y uno de los 100 de habla castellana que debe leerse antes de morir.

Una novela que se convierte en indispensable, no solo para entender ese movimiento cultural, sino también la propia historia de México. Los personajes, esencialmente femeninos, retratan el país del siglo XIX, sus costumbres, tradiciones, revoluciones y evoluciones. Los protagonistas no dejan de sorprender, porque Esquivel se toma la molestia de hacerlos complejos. Como la vida misma.



lunes, 17 de febrero de 2014

Pilar Ramos: “Las vicisitudes específicas vividas por las mujeres han sido obviadas con demasiada frecuencia”

Aitana G.Cantos | Entrevista


Pilar Ramos es profesora titular de la Universidad de La Rioja. Licenciada en Musicología y doctora en Historia del Arte, ha realizado investigaciones en el campo de la musicología feminista, una disciplina que analiza a las mujeres en su relación con la música. Entre sus numerosas publicaciones destaca el libro `Feminismo ymúsica. Introducción crítica´, un texto que ofrece una visión general sobre los estudios centrados en esta especialidad. Ramos no asume tópicos, sin embargo, reconoce que la historia ha “obviado” las experiencias de las mujeres a menudo.

¿En qué grado la musicología feminista tiene un carácter reivindicativo? 

Por el hecho de ocuparse de las mujeres la musicología feminista es reivindicativa. Ahora bien, dado que en general se asume que las mujeres forman parte de la historia, una mala investigación (mala en el sentido de aportar pocas novedades) será irrelevante, y por tanto, su valor reivindicativo será nulo. Más bien reforzará estereotipos, como “mucha ideología, pero de historia, ni idea”. Es decir, la musicología feminista, como cualquier corriente historiográfica que no sea la mayoritaria, será vigilada con especial atención, y por ello hay que esforzarse en trabajar bien.

Pilar Ramos, investigadora en musicología feminista. / Imagen cedida

Alma Rose, una directora empañada por el horror

Aitana G.Cantos | Despiece

  • Alma Rose fue una prestigiosa violinista y dirección de orquesta
  • Su condición de judía truncó su carrera profesional y la convirtió en directora de la orquesta femenina de Auschwitz
  • Gracias a su labor, consiguió privilegios para la formación musical

Si se pregunta a los directores de orquesta actuales por sus referentes en esta disciplina, entre las respuestas que ofrecen no se puede encontrar a ninguna mujer. La figura de la mujer en la música clásica ha estado invisibilizada durante siglos, y como explica Pilar Vañó, profesora de Dirección de Orquesta en el conservatorio superior `Joaquín Rodrigo´ de Valencia, la entrada de éstas en las orquestas ha sido “demasiado tardía”, por lo que añade: “si bien era difícil ser componente de una de ellas, mucho más era subir al podio”.
Sin embargo, Vañó recuerda a algunas de las pioneras en empuñar una batuta: Alma Rose (1906-1944) Ethel Leginska (1886-1970) y las hermanas francesas Nadia Boulanger (1856-1935) y Lili Boulanger (1893-1918). Unas mujeres cuya unión con la música clásica las ha convertido en las heroínas que representan el primer binomio de mujer-dirección orquestal. Y entre ellas, la historia de Alma Rose, célebre y tan llena de luces y sombras como la misma música de su tío, Gustav Mahler, es digna de ser rescatada de los pentagramas.


miércoles, 12 de febrero de 2014

Google conmemora el 126 aniversario de Clara Campoamor

El buscador de buscadores, #Google, nos trae hoy en su #doodle a #ClaraCampoamor en conmemoración del 126 aniversario de su nacimiento. 

Clara Campoamor, abogada de profesión, fue una verdadera precursora de los derechos de las mujeres en España, pues consiguió, desde su escaño en el Congreso de los Diputados, la aprobación del sufragio universal en este país con la consabida inclusión del género femenino el 1 de octubre de 1931. 





Así es, hoy, un 12 de febrero en el que paradójicamente las mujeres españolas ven cómo sus derechos son restringidos por la política parlamentaria.
Desde #GeneraciónM homenajeamos también a Clara Campoamor y compartimos nuestro compromiso con todas esas mujeres de este país que siguen luchando, ahora si cabe con más vehemencia y más razón que nunca.
Porque la cultura se extiende más allá de la fronteras de la creación.


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Un primer paso: sufragio femenino

viernes, 20 de diciembre de 2013

La captación de la esencia femenina


Llanos de la Rosa Cifuentes |Despiece

Las diosas de la fertilidad paleolíticas, la Venus de Milo, ‘La Giaconda’ de Da Vinci, ‘La(s) maja(s)’ de Goya, ‘Las señoritas de Avignon’ de Picasso… Y así, una lista interminable de mujeres, reales o ficticias que han pasado a la historia gracias a su representación artística.
Sin embargo, no todos los artistas han sabido retratar la esencia femenina como ente único. O al realizar trazos en el lienzo o esculpir no han sabido reivindicar su dignidad humana, es decir, acabar con la utilización comercial de sus cuerpos o imágenes.


Chon Pérez, licenciada en Bellas Artes y profesora de pintura en Santa Pola, lo tiene claro y se traslada al siglo XV: “Miguel Ángel ha sido el artista que mejor ha representado a la mujer”. Y lo ejemplifica con su obra ‘La Piedad’ Aunque se le podría discutir su aparición únicamente como figura materna, Pérez rebate este argumento: “Además de como madre, aparece como protagonista absoluta, como figura humana importante que sufre y ha tenido mucha relevancia en la historia”, sentencia.

Chon Pérez en el aula donde imparte clases de pintura

Sin embargo, escapando de esa representación cristiana encontramos un ejemplo más actual. Isabel Ferrández es graduada en Fotografía por Artes Aplicadas, licenciada en Bellas Artes y en Antropología Social y cultural. Esta experta en diversos campos artísticos considera que Cindy Sherman es quien mejor ha sabido retratar a la mujer. Sherman es una fotógrafa estadounidense que toma imágenes de sí misma. Aunque Ferrández advierte que “no se puede hablar de su obra como autorretratos”. Su obra trata de expresar el papel de la mujer estadounidense y su representación. Se basa en la construcción de personajes y sus roles, en una ficción-autofabricada en la que aparece como ama de casa, prostituta, bailarina…

“Esta fotógrafa trabaja con el concepto performativo del cuerpo, la subordinación de la mujer y de cómo la sociedad asume los roles establecidos que disfrazan la  verdad del ser humano, que no somos tan diferentes”, aclara Isabel Ferrández. Un buen ejemplo que trata de mostrar de forma realista todos los papeles que representa la mujer día a día y en diferentes ámbitos culturales.