lunes, 30 de noviembre de 2015

Ada Lovelace y el algoritmo que cambió la historia

Carmen Thomàs 



El algoritmo que encriptaba el secreto del primer programa informático fue producto de un estudio matemático que impulsó de forma directa la creación de los primeros ordenadores y máquinas de cálculo. Este algoritmo forma parte de la historia de la mujer dentro de la propia historia, ya que fue Ada Lovelace, hija del poeta George Byron y la condesa Anna Isabella Noel Byron, la creadora del primer programa de ordenador, una idea que hizo posible el avance dentro de la ingeniería informática antes de que se creyera posible, y que, aunque resulte chocante, surgió en la genialidad de una joven durante la primera mitad del siglo XIX.

A Ada se la ha llegado a describir como la primera programadora informática: La joven se adelantó a su época previendo la capacidad que tendrían los ordenadores para ir más allá del cálculo numérico, al contrario que otros estudiosos (como Babbage) que tan sólo se centraron en estas capacidades matemáticas.



Augusta Ada King, condesa de Lovelace y nacida como Augusta Ada Byron, nació el 10 de diciembre de 1815 en plena época bohemia londinense bajo el peso del apellido Byron, uno de los escritores más reconocidos dentro de la historia de la literatura inglesa. Este hecho ayudó a afilar las capacidades creativas de la propia Ada que concentró este potencial creativo para llevar a cabo trabajos poéticos y matemáticos. De alguna forma, podría decirse que Ada se adelantó a su época en cuanto a las ciencias más abstractas.

Retrato de Ada  por M. Sarah Carpenter (1836)
El hecho de ser la única hija (dentro del matrimonio) de George Byron ayudó de forma directa a acercar a Ada al mundo y la vida bohemia de la época. Algo que, no obstante, no estaba bien visto por parte de algunos sujetos dentro de la misma sociedad victoriana, que veían el mundo bohemio como un espacio reservado para el hombre, siendo la mujer poco más que una herramienta social cuya participación no actuaba de forma directa en el arte y la poesía (el número de mujeres escritoras o poetas que participaban en este mundo desde la sombra del pseudónimo es harto conocido). Byron, se separó de su esposa un mes después del nacimiento de Ada, dejando Inglaterra de forma definitiva cuatro meses después. Fue  tras el fallecimiento del escritor durante la Guerra de la Independencia griega (cuando Ada contaba con ocho años de edad) cuando la leyenda del poeta creció, y también para su hija.
Tal vez fuera el rencor de Isabella Noel Byron hacia su marido aquello que provocó que intentara, a toda costa, apartar a Ada de las artes, un aspecto que la niña había desarrollado y por el que había mostrado interés, a pesar de haber crecido apartada de su padre. Por ello, Anna Isabella se preocupó por apartar a Ada del mundo de la literatura obligándola a centrarse en el estudio de las matemáticas y la lógica. Algo que, por otra parte, tampoco encajaba con el rol de lady de la época.
Esto pues, nos conduce de pensar que la verdadera preocupación de Anna Isabella no era seguir el régimen patriarcal establecido (era madre soltera, y ni siquiera a los padres de ésta les había escandalizado el hecho de que se separara de su marido tras conocer sus escarceos amorosos), sino apartar a su hija de un mundo que le había hecho daño (un marido escritor y “romántico”, que había tenido muchos más hijos fuera de su matrimonio y por el que se había sentido abandonada nada más nacer su hija). Quizá pensase que la forma de apartar a Ada de la bohemia y el romanticismo era afilar al máximo su racionalidad y su lógica; pero no funcionó. Cabe destacar que Anabella creció en el seno de una familia muy particular, fue, como Ada, hija única, y recibió una educación cuyas materias incluían, historia, poesía, literatura, francés, italiano, latín, griego, dibujo y danza, estudios algo alejados de aquellos que intentó inculcar a su hija. No obstante, la mente de Ada empezó a mostrar dotes para las artes ya a la temprana edad de 12 años, cuando, a partir de su admiración y la incesante observación de las aves, escribió una guía de vuelo llamada "Flyology", donde anotó sus descubrimientos e ideó una máquina en forma de caballo, entre los que también incluía los materiales para su construcción, que en un futuro, tal y como soñaba la niña, le iba a permitir surcar el cielo. 

A pesar de los esfuerzos de su madre por apartarla de este mundo de sueños e imaginación (Anna Isabella, insatisfecha con las diversas institutrices que pasaron por su casa, decidió instruir ella misma, y bajo sus criterios, a su hija), y por apartarla sobre todo, de Lord Byron, Ada siempre tuvo una visión romántica de éste y pidió expresamente que se la enterrara junto a él cuando vio la muerte de cerca. Ada falleció a los treinta y seis años, un 27 de noviembre de 1852 a causa de un cáncer uterino, y, seguramente, las complicaciones derivadas de las sangrías que se realizaban en la época.

Antes de su muerte Ada no sólo tuvo tiempo para crear el algoritmo que cambió el rumbo de la historia económica y social; la joven formó durante su juventud un grupo científico/matemático junto a otros hombres de su grupo de contactos, con el fin de hallar un algoritmo que les hiciera ganar siempre las apuestas (ya en su juventud había formado grupos de lectura para jóvenes con intereses vinculados a la divulgación científica).
A pesar de todas las etiquetas que pudiera recibir por entonces, Ada se refería a sí misma como científica poeta, analista y metafísica. Fue durante su edad adulta temprana cuando empezó a trabajar junto a un amigo matemático, el inglés Charles Babbage. Fue a este a quien se le atribuyó en un principio la creación del algoritmo matemático que, como se ha nombrado al principio del artículo, conjuró la creación de las primeras máquinas de cálculo. No obstante, el primer programa de ordenador (un algoritmo codificado para ser procesado por una máquina) fue ideado, creado, y adjuntado en el trabajo sobre la máquina de Babbage por Ada, documentación que se halló entre un conjunto de anotaciones y cálculos propios denominados simplemente “Notas”, escritos y firmados por la joven científica, poeta y visionaria.



¿Has navegado hoy por internet? Agradéceselo a una mujer: Ada Lovelace. 

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