lunes, 17 de febrero de 2014

(Ellas) delante y detrás de la cámara

Carmen Thomàs | Reportaje


Fotograma de 'Thelma y Louise' (Ridley Scott, 1991)


  • El cine clásico se sirvió de unos patrones preestablecidos para retratar a la mujer
  • Actualmente existen más papeles femeninos protagonistas en las superproducciones, y pocos se acercan a la realidad 
  • Cada día son más las mujeres que se ponen detrás de las cámaras



-Creo que me estoy volviendo loca.
- No, siempre has estado loca. Lo que pasa es que ahora puedes expresarte.
Thelma y Louise



El cine y los personajes femeninos han ido evolucionando a lo largo de los años siempre de la mano. Al principio la mujer aparecía desdibujada, tal y como la época quería reflejarla. En la mayoría de las ocasiones el rol femenino se limitaba a una belleza que muchas actrices profesaban, encasilladas a ser una boca siempre callada, a tener un papel sin consecuencias, y con un poder que se limitaba a suspirar por el príncipe azul. Pero la edad de oro del cine también nos insinuó lo “ininsinuable” a través de una censura que apenas le ofrecía una personalidad a la que aferrarse. 

Como sentenciaría Molly Haskell (crítica de cine y teatro estadounidense): "Las mujeres siempre protagonizan personajes débiles, románticos, vicarios con respecto al protagonista masculino, sin autonomía narrativa, y que están dispuestas a abandonar sus propios anhelos por el amor de los hombres".
Teoría que el director y compositor de efectos visuales Andrés Romero Gallego refuerza con su opinión: “Antiguamente las mujeres sólo eran una comparsa del protagonista, mero objeto de belleza y poco más, salvo contadas excepciones, como la mítica Gilda o Rebeca”.

Fue Gilda (Charles Vidor, 1946) con su 'Put the blame on mame' que bien supo aprovechar la censura como arma para velar el morbo. El mito que se escondía detrás de la escena en la que una insinuante Rita Hayworth se quita el guante se basaba en que la censura había eliminado el resto de fotogramas en los que se quitaba todo lo demás… Nada más alejado de la realidad, pero razón de peso para llenar las salas.

Esta última, sin duda, también era una forma de encasillamiento, una forma de limitar la personalidad femenina a un rasgo concreto. Como comentaba Laura Freixas durante una conferencia de Clásicas y modernas; la personalidad de la mujer en el cine se limitaba a complementar a la del hombre en un rasgo concreto. La mujer podía ser vil, ávara, buena, tonta, sabionda, atractiva… Pero de forma individual, deshumanizada. Un claro ejemplo que refuerza esta teoría es el análisis de los tipos de roles femeninos –siempre los mismos- aplicados en el discurso cinematográfico del llamado “cine narrativo clásico”: La buena, la mujer que cumple su función social, el objeto de deseo, la malvada y la archiconocida “femme fatale”. Ésta última, de fuerte carácter y personalidad, independiente e inteligente, casi siempre acaba muerta una vez finaliza el metraje. Y es que el cine no cree en las casualidades: En lo que a grandes producciones re refiere se limita a representar y hacer una propaganda que ejerce de motor para dar pie a los estereotipos y valores que rigen en la sociedad occidental.
David García Teruel, fotógrafo de cine


Sin embargo, confiesa Romero Gallego que desde hace unos años a esta parte, se ha apostado cada vez más por una mujer como protagonista. Sobre todo en lo que a películas biográficas (los llamados ‘biopics’) se refiere: Un ejemplo claro de éstas, la oscarizada “Erin Brokcovich” (Steven Soderbergh, 2000) protagonizada por Julia Roberts, que acompañó a otras producciones como “Thelma y Louise” (Ridley Scott, 1991) en su rebelión a favor de un personaje femenino humano, cálido y, sobre todo, real. 

En las películas de acción también se ha apostado, en contadas ocasiones, con personajes femeninos en los que esta vez ellas son las superheroínas, como es el caso de la saga Tomb Raider o Resident Evil. Una forma, también, de añadir atractivo físico a un género que sin ellas sería “lo de siempre”. Pero no sabemos si considerarlo un avance, pues al fin y al cabo es ése “atractivo físico” lo que resulta un aliciente para un público que necesita un metraje mínimo de acción o sexo en las películas. Según el fotógrafo cinematográfico David García, en el cine estadounidense empezamos a encontrar personajes femeninos cuyo papel encajaría con muchos de los protagonizados por Bruce Willis: “Si pienso en el producto de Estados Unidos lo veo muy diferente al del cine europeo, que suele tener una visión más real de los personajes”.


Y es que alejándonos de las grandes producciones para acercarnos al que no es “cinéma verité” pero casi, es cuando puede observarse un mayor cambio y buen hacer en lo que a personajes femeninos se refiere.

La directora Ana Mohaded
Ana Mohaded, documentalista, directora de cine y directiva de la Escuela de Cine de Córdoba (Argentina), asentía ante la posibilidad de que este cambio se deba a la mayor presencia de las mujeres detrás de las cámaras. Sin olvidar el increíble trabajo que muchos hombres han hecho dando vida a personajes inolvidables (Pedro Almodóvar es el nombre que nos viene a la cabeza si leemos “cine español” y “mujer” en una misma frase). El hecho de que hoy día exista un mayor número de mujeres detrás de las cámaras tal vez se refleje luego en una complejidad cinematográfica y narrativa, pero siguen siendo mayoría los roles en los que la mujer, a pesar de poseer una fuerte personalidad, es admirada o deseada por los caracteres más superficiales. 

Unos dicen que es el cine, otros, la sociedad. Tal vez sólo debamos tener en cuenta que en su mayor parte éstos van de la mano y que, sin olvidar el camino recorrido, aún queda un largo trecho por filmar.

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